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¿Conveniente o correcto?

Escrito por jldamian 228 días de antigüedad - Educación
Una de las preguntas que más nos vienen a la mente y que surge sobre todo ante las distintas encrucijadas de la vida es: ¿Cómo saber que estoy haciendo lo correcto? Una respuesta a esta cuestión muy común en nuestros días diría que: “mientras no afectes a terceros puedes hacer lo que quieras”. Nada más falto de verdad.

De igual manera tratando de atender a esta duda solemos confundir los términos conveniente y correcto. Sin embargo no pueden ser usados como sinónimos ya que cada uno implica condiciones y presupuestos diferentes.

Si bien una situación puede ser conveniente e incluso legal, eso no le garantiza que pueda también adjudicársele el término de ser correcta. Algo puede ser conveniente y legal y no por ello ser correcto.

Aunque en apariencia los términos conveniente, legal y correcto, refieren a la búsqueda de un bien, hagamos el análisis de cada uno para clarificar las diferencias.

Para que algo sea conveniente solo basta que tenga un consentimiento personal que lo respalde. Es decir un acto conveniente es aquel que me lleva a conseguir un beneficio personal e individualmente oportuno. Quien respalda el acto conveniente soy yo y mi criterio. En las personas instintivas (regidas primordialmente por sus instintos y no por la razón) su conveniencia usualmente les lleva a buscar resultados inmediatos, placenteros, fáciles y cómodos. Una decisión basada en la pura conveniencia se suele postular de esta manera: “dado que me conviene se puede hacer”. Buscar lo conveniente es intrínseco al individuo pero no olvidemos que lo que se busca más que un bien es un beneficio, algo que solo a mi me es favorable.

En segundo lugar viene lo que es legal, situación que surge cuando existe un grupo de individuos que buscan convivir en armonía, para lo cual establecen en común acuerdo un sistema de normas y leyes que regulan dicha convivencia. Para que algo sea legal necesita del respaldo de una ley dictada por los órganos e instituciones de poder previamente establecidos en la comunidad. Lo legal suele ir acompañado con un mecanismo de imposición ya que, al buscar el bien común, debe de evitar que la conveniencia de un individuo por no cumplir una norma afecte la estabilidad del grupo. Para ser establecido, lo legal depende del común acuerdo de los integrantes o de los representantes predispuesto para hacerlo. Así, lo legal suele depender del consenso de mayorías y un sistema democrático.

Así la explicación de lo que es conveniente y lo que es correcto. Mucho del análisis que solemos hacer para saber cómo debemos de actuar se queda en estos dos niveles, buscar que sea conveniente y que sea legal. Sin embargo existe un tercer nivel, que por su naturaleza está por encimo de los dos anteriores y que además es el que debería de regir todo sistema de decisión humana: lo correcto.

Como ya mencionamos anteriormente una acción puede ser conveniente para una persona y contar con el respaldo legal para llevarse a cabo, sin embargo para que sea correcta necesitamos de algo más que el simple consentimiento individual y la fuerza de la aceptación popular. Lo que hace que algo sea correcto es su relación con los principios universales. Estos al no ser creados o propuestos por el hombre son quienes validan la bondad y maldad de un acto.

Conocer los principios universales se convierte así en un imperativo para la existencia humana ya que es por medio de ellos que reconocemos el bien y el mal. Son nuestro punto de referencia sobre el cual comparamos nuestros actos. Así pues, a diferencia de lo conveniente en que se busca un beneficio, en lo correcto se busca lo verdaderamente bueno o lo que es lo mismo, el bien objetivo.

Lo anterior nos lleva a afirmar lo siguiente: Podemos decidir hacer el bien o hacer el mal pero no nos fue dado decidir lo qué está bien y lo que esta mal. Así diremos también que el bien no se inventa ni se vota simplemente se descubre dado que siempre ha existido a la luz de los principio universales. Es tarea de quien desee formar correctamente su conciencia salir al encuentro de estos valores y principios para entonces si formar un criterio recto.

Rosa, una mujer de la ciudad de México cree no tener los recursos sufrientes para mantener a quien será su futuro hijo y que actualmente se gesta en su vientre desde hace 11 semanas. Recién recibió por parte del médico la noticia de que pronto será mamá.

El sistema legal de su ciudad le da la oportunidad de, si así lo decide, “eliminar su problema” por medio del aboro. Dada su situación económica y social (sus padres no le han querido apoyar) encuentra en el aborto una salida muy conveniente. Sin embargo algo en esta posibilidad no le acaba de convencer del todo. Hay en su interior una voz que le aconseja afrontar su situación y permitir que el niño llegue al mundo. Se llama conciencia, y es esa parte de nuestro ser que, si se lo permitimos, viaja hasta el lugar de los trascendental y revisa si nuestra razón cumple con su fin último de “hacer el bien y evitar el mal”, principio base de la ley natural.

Lo que sucede en el interior de Rosa, sin que ella lo note concientemente, es justamente esta distinción natural que su mente hace entre la conveniencia que existe de hacer algo e incluso contar con el respaldo lega para llevarlo a cabo y asumir que sea realmente correcto.

Cumpliendo con su labor, la conciencia de Rosa encuentra que existe un principio básico que dicta “es mejor ser que no ser” y otro que dice “respeta y da posibilidad a la vida” y uno que invita a “amar a tu prójimo como a ti mismo” y por si fuera poco el más contundente de los principios universales sobre el tema le aconseja “no matarás”.

Rosa, haciendo caso al consejo de su conciencia, decide no tomar la salida conveniente y legal del aborto y opta por hacer lo correcto: No matar. Sabe en su interior que las consecuencias de esta decisión cambiarán para siempre sus planes de vida pero también sabe que ningún plan personal puede estar por encima de lo que debe ser hecho. Junto al nerviosismo que le trae la incertidumbre de lo que será convertirse en madre sin esperarlo, Rosa también se llena de paz y tranquilidad, esa tranquilidad que siempre trae consigo el saber que se ha hecho lo correcto.

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