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Sólo para quien no tiene la menor idea de la dialéctica es sorprendente la inimaginable alianza PAN – PRD. Todos aquellos que alguna vez interpretaron el estudio de la sociedad, la naturaleza y el pensamiento, a través de este enfoque teórico, saben que la dialéctica es el estudio de la unidad y lucha de los contrarios y que tiene sus propias leyes. En tal punto la veleidosa contradicción nos tiene reservado hasta lo increíble, como en este caso.
En términos empíricos lo expresaríamos, como sabiamente lo dice la gente común y corriente, “los extremos se tocan”. ¿En qué circunstancias se da este fenómeno conyuntural? En condiciones muy específicas e irrepetibles.
Los contrarios como tales nunca podrán dejar de repelerse uno al otro, no podrían existir ambos si faltase alguno de ellos, son la razón de ser del opuesto. En tal virtud casi siempre estarán en franca oposición según momentos y circunstancias y así como también, según las mismas, en una breve armonía, para volver a ser lo mismo: contrarios, siempre contrarios.
Estas breves comuniones han existido siempre a lo largo de toda la historia social. Ilustro con un solo ejemplo: la de Mao Tse Dong y Chiang Kai Shek, enemigos mortales entablados en una franca lucha sin cuartel por el dominio de la actual República Popular de China. La invasión de este país por los japoneses los hace suspender su belicosidad interna, los obliga a unirse para expulsar a los nipones y logrado esto renuden las hostilidades mutuas con los resultados ya conocidos, el triunfo de Mao, el nacimiento de ese país colosal y la huida de Kaik Shek que forma en Taiwán la República Nacionalista China.
En tal tesitura no tiene nada de extraño la impensable alianza de este par de partidos con otros más. Una alianza tiene propósitos comunes entre los aliados que intervienen en ella para obtener un bien común de manera parcial o global. Pueden ser entre iguales ideológicos, partidistas, religiosos, etc., o bien a la inversa, como en este caso en particular, entre dos corrientes políticas disímbolas que suspenden momentáneamente sus luchas de idearios.
En este caso en particular el objetivo propuesto es sacar del poder en algunos estados del país al enemigo eventual que es el PRI, con la finalidad de mantener cotos de poder estratégicos y acotar una eventual recuperación de la presidencia de la república a este partido en un futuro no muy lejano.
Para el tricolor esta unión de contrarios no le puede favorecer a sus intereses y por ende sataniza lo más posible este matrimonio efímero, aunque en anteriores ocasiones se haya aliado con su contraparte azul para obtener cargos de elección popular. Dicho en otras palabras, ven peligrosa la unión de esta dispar dupla política, de ahí sus lamentos, descalificaciones y tribulaciones.
Para tratar de romper estos potenciales binomios letales el institucional le propuso a los panistas que aprobaría el paquete económico propuesto por el ejecutivo nacional, a cambio de diluir estas alianzas perniciosas para su ellos.
Este acuerdo político nos ilustra de paso para descubrir una vez más que a los partidos los intereses populares les son un estorbo para proteger sus intereses como agrupación. En otras palabras somos los convidados de piedra ante el festín de canongías económicas y políticas. Esa es nuestra sucia y obscena política mexicana.
Pero a los azules el engrudo se les hace bolas. El actual Secretario de Gobernación, panista de rancia aristocracia y abolengo, se había comprometido a impedir al interior de su partido esta perversa alianza que no pudo evitar, de ahí su renuncia a los pragmáticos militantes de su agrupación, que lesiona su congruencia ideológica de panista tradicionalista.
La alianza de marras nos permite leer entre líneas varias cosas: la más importante de todas es el desprecio al electorado mayoritariamente analfabeto en estas lides, la supremacía de los intereses de grupo por sobre el bienestar de las mayorías, el dominio invencible hasta este momento de la partidocracia, que es la negación de la participación de civiles ajenos a estas mafías; por otro lado el reciclamiento inservible de los mismos entes políticos de nefasto historial ante un electorado que dice tener memoria histórica, y lo más triste, la indefensión ciudadana ante instituciones y gobiernos que sólo le permiten legitimar lo injusto.


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