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Status Quo

Escrito por Eva Schuster 134 días de antigüedad - Sociedad
STATUS QUO

Pensamos que al morir, los seres humanos dejamos todo lo que hemos poseído y solamente nos llevamos lo que pudimos haber dado.
Lo anterior resulta ser la antítesis del paradigma de la sociedad actual: tener y gastar, nunca dar ni regalar. Sin embargo acumular bienes materiales y el egocentrismo obsesivo, no logran de ninguna forma calmar la ansiedad de la humanidad moderna, y mientras más se obtiene más se gasta y menos felices parecemos ser; cuanto más apremiante es la necesidad de evadirse de la realidad en grupos fanáticos de clubes deportivos, de adoración de artistas del espectáculo y otras actividades similares implantadas por muchos medios de comunicación. Si efectivamente la persecución de la satisfacción de los bienes materiales no logra acercarnos a la felicidad, pareciera entonces que la vida que está orientada al dar puede tener más posibilidades de acercarnos al encuentro con la felicidad. En este sentido una vida dedicada al servicio podría ser una buena opción de vida. En nuestra sociedad actual mexicana pocas son las opciones para un joven que se resiste a entrar en la carrera del materialismo; pocas las alternativas de reemplazar la competencia con otras personas contra las propias deficiencias y debilidades, y pocos los grupos y organizaciones en las que personas son actualmente medidas por su ser y no por lo que aparentan.
El mundo de las drogas se ha convertido así no sólo en creador de violencia y crimen, sino de opresión. Recuerdo mucho la primera vez que fui a Amsterdam Holanda, un país sin duda con mucha libertad de expresión y democracia, que como todo sistema también tiene sus imperfecciones, pero que sin duda es uno de los países europeos con menor índice de criminalidad; me pregunto que pasaría si la policía entrara en cada uno de los diferentes bares existentes de Holanda, dónde no sólo se vende libremente el hachis o la mariguana como si fuera alcohol o tabaco, con cientos de bares y cafés que los negocian, sin duda es una cosa inimaginable y fuera de contexto; sin embargo aquí en México no sólo es un delito sino un crimen, todo en la legalidad de la ilegalidad; por desgracia aquellos jóvenes dónde un régimen los ha excluido, tienen la necesidad de pertenencia, y seguramente la encuentran donde menos deben. Lo más alarmante es que en el mundo de las drogas no excluye a ninguna clase social, la Riviera Maya donde prolifera el abuso del alcohol y las drogas, no escatima en diferenciar a pobres o ricos, se ve por todas partes, ofrecidas también a cualquier turista que ni pregunta para conseguir cualquier tipo de ella, pude ser testigo del declive total de varias personas que terminaban incluso con sus vidas, esa es definitivamente otro tipo de miseria, a veces porque tienes demasiado y otras porque tienes tan poco; el poder del ser humano para la autodestrucción es inimaginable. Bajo este contexto cualquier luchador social tiene solamente una opción, vivir una vida no sólo muy transparente sino una vida muy disciplinada en cuanto a su higiene mental como personal. Enfrentarse a un régimen opresor como lo es el federalismo usurpador tiene siempre consecuencias, sobre todo cuanto no hay disciplina y congruencia en lo que se predica; no podemos intentar demostrar un amor hacia los demás, cuando carecemos del amor propio, de hecho la primicia de salvaguardar por los demás es primero controlar nuestras pasiones humanas así como protegernos y cuidarnos a nosotros mismos, ejemplos claros no ha dado la historia, la genialidad es un fracaso cuando no se tiene una disciplina personal. La conciencia que parte de ver la miseria, la desigualdad y la injusticia como algo que tiene que abatirse parte de la necesidad del ser humano del amor a la vida y a lo que nos rodea, de cierto es, muy difícil vivir feliz en un ambiente de tanta inmundicia e injusticia pero lo agravante es cuando ese despertar no se convierte en inspiración sino en dolor.
Tuve la oportunidad de convivir sólo dos veces con el Sr. Lorenzo Peraza en una mesa, siempre me pareció una persona amable y sincera, no sé exactamente que es lo que sucedió en la Peña La Casa de Todos, he escuchado comentarios de todo tipo, no cabe tampoco la menor duda que el Sr. Peraza es sin duda un ser compasivo ante la injusticia social que se respira en el resto del país, el temor más grande es que su juicio no sea llevado con transparencia y equidad, por otra parte, me causa una inmensa tristeza de escuchar de jóvenes vidas hundidas en el precipicio de una celda o una prisión, por desgracia nuestro sistema penal no rehabilita a estas personas, son después lanzadas de nuevo en el mundo exterior con menos posibilidades que las que tenían antes, si ya de por si su vida era sólo buscar algún escape, los condenarán de nuevo por la simple razón de haber estado en una cárcel, no quiero ni imaginar cuantas personas injustamente son encarceladas, me causa estupor enterarme de un anciano que es condenado por robar carne en un supermercado; o de un niño que ni tan siquiera es un adolescente y ya roba para comer; sin duda este régimen de pobreza actual, de una economía suicida, está arrasando con todo lo que resta de nuestra humanidad. Recuerdo las historias de mi padre que crecía en una Alemania desvastada por la guerra y el Holocausto, donde sobrevivir un día para los niños era disputarse una papa, donde no había techos para resguardarse, donde padres eran encarcelados, sí esos crímenes eran de guerra. Pero qué crímenes estamos permitiendo ahora, nosotros los mexicanos y mexicanas; ¿pensamos de verdad que más cárceles y penas más severas resolverán e impondrán el orden social? ¿cuantas equivocaciones más tendremos que soportar de un gobierno usurpador? ¿qué necesitamos entender como sociedad o cómo seres humanos para vivir de nuevo la seguridad que se nos ha negado?, no creo que teniendo más policías y más militares se resolverá la creciente violencia que se refleja por ya todas partes ni con la aprobación de una nueva Ley de Seguridad Nacional, que además de todo no trasparenta, y fue tomada a la ligera sin leer nuevamente las letras chiquitas, otra vez habrá de nuevo arrepentidos así como los que votaron para aumentar los impuestos, otra vez no querrán asumir la irresponsabilidad de tales decisiones hechas a la ligera, un grupo reducido de personas toman una vez más la decisión del futuro del país, y una vez más nos quedamos estupefactos, los que entendemos y conocemos los alcances de tan peligrosa decisión y sobre todo porque se deja en manos de personas de muy dudable reputación.
Yerran terriblemente los que asumen que ser militar es desear y buscar la guerra, por el contrario quienes la hemos estudiado y la conocemos, no nos hacemos ilusiones respecto a ella, en ningún aspecto; y cuando nuestros militares se enfrentan a esta “guerra” contra el narcotráfico, lo hacen con una serena determinación de quien cumple un deber duro y doloroso. En las caras también de los militares veo las miradas de un pueblo sometido por las decisiones equívocas de un gobierno usurpador.
La dimensión coyuntural, asociada a la crisis política, la recesiva crisis económica donde hay una desarticulación de cadenas productivas, bancarrota de pequeñas y medianas empresas, contracción salarial, desempleo y pobreza; menor gasto social público, menor inversión productiva y exportaciones; la incierta situación social manifestada por su descomposición social, la desintegración familiar, la falta de valores cívicos así como la desesperanza intrageneracional y la corrupción pública y privada nos hace ver sin duda nuestro verdadero Status Quo.

Eva Schuster




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