Hoy por la madrugada hubo “cacheo”[1] en las celdas como nunca había habido; el A. F. I. y el Ejercito prácticamente asaltaron al Reclusorio e incluso a los custodios que estaban de guardia los desarmaron y los encuartelaron en la capilla, previa revisión.
A todos los internos de nuestra sección nos concentraron semidesnudos en la cancha de Fut Bol, sin importarles que estuviera haciendo frío…
Mi celda la dejaron hecha un desastre, con las prisas y sin el menor cuidado desarmaron el único radio que tengo, sin importarles quebrar los armazones y las tapas. Quebraron también los cajones y desclavaron las repisas, vaciaron todos los frascos que encontraron. Toda la ropa la revolvieron y la tiraron por los pasillos…, los alimentos y la escasa despensa que nos permiten tener en la celdas los batieron por el suelo.
-- “¡Todo es rutina!”— Con prepotencia y entre grotescas carcajadas decían estos desalmados…
Para rematar esta infame revisión, parecía que el cielo estuviera de acuerdo para desgraciarme este día, ya que se dejó venir una fuerte tormenta, que semejaba un “tsunami” y como le faltan vidrios a las ventanas de los pasillos, por allí se metió toda el agua del mundo, con lo que se arruinaron muchas cosas de los frascos que utilizo como materia prima para mis artesanías. También se descompusieron algunos de los aparatos; se empapó toda mi ropa y con ellos se enlodó el poco orgullo y dignidad que me quedaba.
-- ¡¡Sólo faltaba que los perros que traían los de la A. F. I. me mearan!!--
Andaba todo sucio, desvelado por lo del “cacheo” y para rematar: insultado, vapuleado. Sentía que mi alma estaba hecha pedacitos, machacada y revuelta con el estiércol de las zahúrdas. Lo único que en esos momentos pasaba por mi mente era desquitar mi coraje y frustración.
Todos estos atropellos los reclamé aireadamente a los oficiales del A. F. I., pero de nada me sirvió…, con burlas me gritaban: -- ¡¡ Quéjate a Derechos Humanos !! Si quieres te presto el celular para que les llames, al cabo esa dependencia sirve para ¡¡pura δΰΐςξπ*+¿!!…--
Además de sus burlas sólo recibí insultos y empujones; pero lo que más me dolió fue su sarcasmo y prepotencia… ¡hasta mis compañeros de celda no dejaban de reír!... ¡Esta si que fue una noche para “carcelearse”[2]! Todo esto me provocó un gran malestar en el estómago, impotencia, enojo, frustración…
Esto no fue nada comparado con la rabia y coraje que sentí al darme cuenta que en esta revuelta me robaron el cinto piteando de plata que estaba a punto de terminar y que tenía que entregar en los próximos dos días a mi patrón, ya que lo iba a mandar a los Estado Unidos.
Mientras pasaba el tiempo, todo me iba de mal en peor, como si la condena inmisericorde que el juez me acababa de echar de punta a cola no fuera suficiente para mi desgracia, o el proceso de divorcio y abandono de mi pareja que estaba padeciendo. Ante estos tragos amargos estaba seguro que Dios se había ensañado conmigo; por lo que ya se me había quitado la idea de suplicar piedad y clemencia de la justicia divina, incluso pensaba que en esos días Dios debía estar muy ocupado con sus once mil vírgenes.
En cuanto pude di aviso a las autoridades del Ce. Re. So. del robo que había sido objeto, en respuesta me dijeron que lamentaban mucho mi desgracia pero que no podían hacer nada ya que el Reclusorio en esos momentos era un “caos”… Como si estos argumentos remediaran en algo mis problemas.
Ante esta apatía por parte de las autoridades me revelé empezando por reclamarles entre insultos e incluso llegué a agredir a puñetazos a los custodios que estaban a mi lado, mi impotencia no me dejaba razonar y además… ¡¡Alguien tenía que pagar por todo esto!!
Lo único que saqué fue una paliza y un castigo de un mes en el “Hoyo”, pero como estas celdas estaban llenas me pasaron por mientras al área de “detenidos” y por poco hasta me abren otro proceso… --¡¡Sólo eso me faltaba!!!
A estas alturas de este día gris y lluvioso sentía que mi cuerpo no me quería responder; tenía un fuerte dolor de cabeza, más doloroso que los días que amanezco con la malilla de la droga.
Con todas estas vicisitudes no había alcanzado ir al comedor a tomar mis alimentos, por lo que empecé a sentir una hambre endemoniada. En mi mente caótica sólo existía una idea:
-- ¡¡ No quería saber quien me la había hecho, sino quién me la iba a pagar!!!...
Estaba resuelto a desquitarme con el primero que se me atravesara en el camino… ¡¡No tendría compasión de él!!! Lo golpearía y me burlaría hasta desahogarme, para ver si así recuperaba mi tranquilidad que hacía años había perdido.
Cuando los custodios me ingresaron a la sección de detenidos, sentí una rara sensación y curiosamente esta área estaba sola pese a que siempre esta sobre saturada, de hecho sólo había un detenido que estaba acostado en la última “piedra”[3] del rincón, cerca del mingitorio. Al parecer “marihuana”[4], este interno estaba muerto, ya que no se movía para nada y además estaba todo tapado con una sábana mugrosa y raída como los cadáveres en la morgue. De inmediato resolví que este individuo sería el blanco de mis ataques y de esta manera me cobraría todos los malos momentos que el mundo y la vida me habían hecho pasar.
Esperé unos momentos para estudiar a mi víctima y a que el custodio se alejara. Para ir a lo seguro quise cerciorarme de las características y condiciones físicas en que se encontraba mi próxima víctima, no fuera que el tiro me saliera por la culata y en lugar de agredirlo yo a él, resultara que él me golpeara.
Con mucho cuidado y con una “punta”[5] en la mano “-por aquello de que no te entumas-”[6], me le acerqué y lo moví un poco para ver como reaccionaba…, para mi sorpresa uno de sus brazos, como si fuera un harapo cayó a un costado de la angosta “piedra”. Lo que noté, es que en su mano traía una herida provocada por una arma punzo cortante que todavía sangraba. Para mis adentros imaginé la “*&%#?*” que le debieron de haber puesto los ministeriales, al momento de utilizar los “métodos científicos de investigación”.
Luego poco a poco le fui estirando la sábana y mientras lo hacía, noté también que sus pies estaban muy maltrechos, como si hubiera caminado buen tramo descalzo y por camino pedregoso. Ante esta escena y según mi propósito, intenté burlarme de sus pies, pero también empezaron a sangrar de una herida que daba la impresión de haber sida traspasada por un grueso clavo. Al jalar un poco más la manta me fijé que sus rodillas también estaba talladas y con costras de sangre seca como si este ingrato hubiera caído varias veces de rodillas.
Sentí coraje conmigo mismo por no encontrar en este hombre un motivo que inspirara mi burla…, me quise reír de su enmarañado pelo pero la fijarme bien, noté que de su frente brotaban unos hilillos de sangre.
Al descubrirlo totalmente y al recordar mi ruin propósito de agredirlo y humillarlo, decidí mofarme de su delgado y escuálido cuerpo, sin embargo me detuvo una herida que traía en el lado derecho de su pecho producida por alguna arma blanca; en esos momentos pensé que alguien ya se me había adelantado…, lo raro de todo esto es que de su herida brotaba agua.
Con todo esto ya no sabía que parte de su cuerpo ridiculizar y así poderme burlar y descargar todo mi odio y frustración anquilosada en mi alma a lo largo de muchos años.
Lo único que tenía frente a mi era un cuerpo maltratado y agotado por el sufrimiento, plagado de heridas, …lo que contuvo de momento mis burlas y agresiones. En mis adentros me dije: ¡¡ Qué friega te acomodaron mi amigo!! Después de un momento ¡Volvía a arremeter!! Ya que estaba resulto a que este pobre hombre sería el blanco de mi ira y no estaba dispuesto a desperdiciar la oportunidad de hacerle daño al fin y al cabo no tenía forma de defenderse…
¡¡Mi acalorada mente buscaba la mejor forma de desquitar mi rabia y frustración!!, por lo que decidí golpearlo, pisotearlo, escupirlo y humillarlo, al fin de cuentas para mi era una piltrafa humana que por el simple hecho de estar en prisión ya era un repudiado de la sociedad.
Pero necesitaba que estuviera de pie, por si llegaba algún custodio, decir que él había empezado el pleito. Para esto lo tome por los hombros y al sentarlo en la piedra noté que su espalda también tenía marcas recientes de haber sido azotado.
Sucedió entonces que este pobre hombre lentamente abrió sus ojos y me miró fijamente… Su mirada era brillante, limpia y profunda; la cual denotaba una inexplicable tranquilidad y un intenso poder espiritual. Esta visión llegó hasta lo más recóndito de mi maltrecha alma, a tal grado que me hizo estremecer, borrando mi dolor, odio, rencor, todo lo malo que pudiera sentir y tener. Mi corazón daba grandes tumbos; sentía que mi espíritu se regocijaba y extasiaba en esos momentos, de mis ojos inexplicablemente empezaron a brotar lágrimas como si mi cuerpo estuvieran limpiando mi alma.
Así permanecí por un largo rato, extasiado, experimentando lo que algunos llamarían un despertar espiritual. Posteriormente con una pausada y dulce voz que cimbró todo mi cuerpo este extraño hombre me dijo:
-- ¡¡Gracias por venir en mi ayuda!!... ¡¡Ya te estaba esperando!!..., Dios está contigo y si Dios contigo ¿Quién contra ti?..., no te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien…
No supe como reaccionar ante esto, mi cabeza era un caos, miles de ideas y emociones saltaban por mi mente a tal grado que perdí el conocimiento…
Horas después el guardia de turno me despertó para servirme mi ración de comida, yo me encontraba de rodillas y mi cabeza recostada en la raída y sucia sábana que estaba sobre la piedra de este desconocido. Cuando recobré la conciencia noté que me encontraba solo en la celda de esta sección, en seguida le pregunto al guardia por el paradero de ese desconocido y para mi mayúscula sorpresa el custodio entre asombro y burla me contestó que yo era el único interno que había estado en ese lugar desde que me ingresaron, para esto me mostró la bitácora de guardia que traía a la mano y efectivamente…, yo era el único registrado…
Ahora te pregunto:… ¿Creés que mi día fue malo?
[1] Modismo de los internos de este reclusorio para definir la revisión sorpresa que hacen a las celdas las autoridades y custodios, generalmente por las madrugadas para buscar entre los internos drogas y armas.
[2] Modismo para describir un malestar exacerbado.
[3] Modismo para definir las camas de concreto de las celdas
[4] Modismo que aplican los internos para decir únicamente: “Al parecer”, el agregado “marihuana” lo han tomado de los reportes noticiosos.
[5] Arma blanca tipo pica hielo.
[6] Dicho popular para definir que la persona va preparada para alguna posible sorpresa
Un supuesto dia malo
Escrito por Abel Netzahualcoyotl Amaro 153 días de antigüedad - SociedadQuién votó por este artículo
Creemos que la información debe venir de los ciudadanos y trabajamos en equipo para apoyar económicamente a personas marginadas. ¿Estás con nosotros?


Comentarios
75 días de antigüedad